| EL ARTE DE CONOCER LOS VINOS (3ª parte) |
Los vinos blancos y rosados, sobre todo si son jóvenes, tienen una gama de aromas frutados y florales que son la esencia de su personalidad y por lo tanto se deben preservar. Las temperaturas muy bajas, por ejemplo 3° o 4° C, no favorecen en nada la percepción olfativa negándonos las peculiaridades del vino. Es verdad que apetece beber los blancos y rosados bien fríos, sobre todo en verano, pero no por eso debemos olvidarnos del placer de las sensaciones que éste nos trasmitirá por vía nasal.
El Cava y cualquier otro tipo de vinos espumosos seguiría el mismo tratamiento, con la salvedad de que los dulces o semi se pueden beber un poco más fríos que el resto ya que su dulzor puede llegar a empalagar la boca y estando bien fríos ésta sensación desaparece.
Antes de abandonar el apartado de blancos y espumosos digamos que a más sensaciones olfativas y de boca que esperemos de éstos, mayor será la temperatura a la que debamos beberlo. Entiendan los lectores que no es lo mismo degustar un blanco joven sin mayores pretensiones que uno elaborado con uvas de calidad, y si éstos son de fermentación en barrica o crianza, aún más.
En el tema de los tintos podemos hablar de cuatro tipos diferentes de temperaturas. Aquellos claretes frescos o tintos jóvenes que tanto nos gustan para el chateo y tapeo aceptan, como no, tenerlos en la nevera o en agua clara, como acostumbran mantenerlos los expertos taberneros de Logroño, Bilbao o Pamplona, pero nunca servirlos por debajo de los 11°/12° C.
Los tintos jóvenes en general, embriagadores de aromas primarios y taninos, es conveniente beberlos frescos, es decir sobre los 14°C.
Los crianza se adaptan perfectamente al término que describimos al comienzo, la "temperatura de bodega", y que tiene su lógica, ya que si ésta es la temperatura media a la que reposan durante meses en la barrica y donde desarrollan todas sus cualidades, es normal que sea la temperatura óptima de su servicio, es decir, entre los 14° y los 17° C.
Los vinos de reserva y grandes reservas, a pesar de que también permanecen en bodega a una temperatura determinada de conservación, es preferible que sean bebidos por encima de los 16° C. La razón es bien sencilla. De éstos tipos de vinos esperamos un amplio abanico de sensaciones, tanto olfativas, como gustativas y de retronasal que solo nos ofrecerán si permitimos un estallido molecular de la superficie de la copa, y necesariamente la temperatura que conseguirá éste resultado es una de tipo moderado. Existen algunos vinos en el mercado que se recomienda beber a 20°, de allí su acepción de "caldo", lógicamente son contadas excepciones.
Para simplificar lo explicado hasta el momento nos podemos guiar por el siguiente resumen:
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