| EL ARTE DE CONOCER LOS VINOS (3ª parte) |
D.- La bodega en casa.
En éste tema será importante delimitar las posibilidades de cada uno dependiendo del tipo de vivienda habitual. No es lo mismo disponer de una casa unifamiliar o chalet en las afueras de una ciudad que un departamento en el centro de una gran urbe. En ambos casos la posibilidad de tener una bodega en condiciones es factible dependiendo del tratamiento que le demos a nuestros vinos.
Los que vivan en una casa pueden hacerse una pequeña bodega en un sótano o semi-sótano, o en un espacio acondicionado de un pequeño almacén o depósito. Demás esta decir que no se deben aprovechar buhardillas o entretechos por las temperaturas extremas que suelen padecer, tanto en invierno como en verano. Si disponemos de un sótano o almacén hay que tratar de cumplir los siguientes requisitos: que el suelo sea de tierra o grava, nunca de cemento o terrazo, ya que en caso de ser deficitario de humedad (menos del 60%) deberemos regarlo periódicamente y el drenaje del agua es necesario. Que tenga una buena ventilación, no excesiva, pero si una constante renovación de aire. Si la zona es muy húmeda la circulación de aire menguará sus efectos ; si la zona es muy seca la entrada de aire deberá ser escasa para evitar la sequedad de los corchos. Las paredes serán preferentemente enlucidas con cemento, que permite cierta permeabilidad, evitando la estanqueidad de azulejos o materiales sintéticos. Los vinos deberán guardarse en posición horizontal, preferentemente en celdillas de obra o mampostería, apilados en bloques en función de su añada o procedencia cuidando de tener más a mano aquellos de consumo cercano. De ésta manera tendremos una buena rotación de stock y no correremos riesgos de que algunos vinos nos envejezcan excesivamente.
Se supone que si es un sótano o un almacén en el campo los ruidos y vibraciones serán escasos o inexistentes, pero igualmente deberemos tener cuidado a éste respecto. Recordar que la temperatura ideal de una bodega casera debe oscilar en la banda de los 11° a los 18° C, dependiendo de la época del año.
Para aquellos que vivan en un apartamento o piso grande la situación se complica un poco, principalmente por el tema espacio y condiciones de temperatura. Siguiendo algunas de las premisas del tema anterior y con las limitaciones del caso digamos que un lugar idóneo para guardar los vinos en casa es debajo del hueco de la escalera, si lo tenemos, en un cuarto o estancia de la que se haga poco uso, fresca y ventilada, o en alguna otra dependencia que no tenga alteraciones bruscas de temperatura, ni ruidos altisonantes ni vibraciones excesivas. Preferentemente deberemos tener los vinos al resguardo de la luz solar y artificial.
En éstos últimos tiempos han aparecido en el mercado unos cofres ó cavas para mantener los vinos a temperatura constante, con diferentes grados dependiendo del vino y dispuestos de una manera práctica y decorativa. La utilidad de éstas bodegas portátiles es meritoria y son recomendables para todo tipo de viviendas o establecimientos, el problema es que no están al alcance de todos los bolsillos.
No solo cuantos consejos se nos dé respecto a la conservación de los vinos son útiles en éstos casos, también es fundamental el saber "comprar" y "cuanto tiempo guardar" los mismos.
Dejemos sentado para no volver a tocar el tema que los vinos blancos en general, los rosados, los Cavas y espumosos, los finos y manzanillas y cualquier tipo de vino joven, incluso los tintos, deben comprarse para consumirse durante el año y por ningún motivo guardarlos mucho tiempo.
Los vinos blancos de crianza tampoco tienen un vida prolongada y dependiendo de la zona de producción puede oscilar entre los tres y cinco años.
Cuando compremos un tinto recordemos que si es de "crianza" su vida útil oscilará entre los ocho y diez años después de su añada. En el caso de los "reservas" y "gran reserva" la vida útil puede prolongarse hasta los veinte años o más, dependiendo también de la zona de producción, del método de elaboración y la variedad empleada y del tratamiento que le demos en nuestra bodega.
Es conveniente, en todos los casos, hacer un seguimiento periódico de nuestro stock abriendo botellas que tenemos hace tiempo y comprobar su evolución. De ésta manera sabremos cuales están para ser bebidos en corto tiempo y cuales podemos continuar guardándolos sin peligro de que aparezcan defectos.